BENIMARFULL
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Benimarfull, viejo reducto morisco, desarrolla su casco urbano a la usanza de sus antiguos pobladores, con calles empinadas y estrechas donde destaca su Iglesia, blanca y terrosa, de esbelto campanario de tres cuerpos y edificada en el siglo XVI. |
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La superficie de su término municipal es ondulado, siendo sus principales alturas el Alt de Agulló y el Tossal. Está drenado por los barrancos de Benimarfull, Sofre y Albacar, que entregan sus aguas al Serpis. Hay en él varias fuentes, una de ellas de aguas sulfurosas cálcicas. |
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Sus 408 habitantes, mayoritariamente agricultores trabajan unas tierras casi en su totalidad de secano, y para el escaso regadío utilizan las aguas del Serpis. Los cultivos más abundantes son el olivo, la vid y frutales: el melocotón, cereza y manzana. |
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La localidad posee una industria de transformación de plásticos para juguetería y dos pequeñas industrias textiles, así como cooperativa agrícola para la comercialización de la fruta. Al amparo de la fuente de aguas sulfurosas funcionó un balneario que hasta los años 30 fue polo de atracción de la burguesía que periódicamente "tomaba las aguas". En la actualidad, aquel establecimiento, que llegó a contar con setenta habitaciones, cocinas, bar y un hermoso parque con pista de baile, ha sido restaurado y rehabilitado en el alojamiento turístico rural, Els Banys. Benimarfull celebra sus fiestas patronales la segunda quincena de julio dedicadas a San Jaime, Santa Ana y al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, siendo los actos más notables la procesión del Cristo, los desfiles de moros y crstianos, las vaquillas y las verbenas populares. Todavía en sus calles se juegan partidas de “raspall” o pelota valenciana. No debe el visitante dejar de probar el dulce característico de la localidad, los bizcochos de cuchara o degustar los licores de elaboración artesanal como el herbero hecho con hierbas aromáticas del lugar o el café-licor. |
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